Capítulo 2 de 28 · Español sencillo

Mi Reino no es de este mundo

La vida futura y una nueva manera de mirar la existencia.

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La vida después de la muerte — La autoridad moral de Jesús — Una nueva manera de mirar la vida — Instrucciones de los Espíritus: una realeza terrena.

1. Pilato preguntó a Jesús si era el rey de los judíos. Jesús respondió que su reino no era de este mundo. Explicó que, si fuera un reino terreno, sus seguidores lucharían para impedir su arresto. También dijo que vino al mundo para dar testimonio de la verdad y que quien busca la verdad escucha su voz. (Juan 18:33-37)

La vida después de la muerte

2. Para Kardec, estas palabras muestran claramente que Jesús se refería a la vida después de la muerte. La obra presenta esta vida espiritual como una idea central de las enseñanzas de Jesús. Sin considerar la continuidad de la vida, muchas de sus enseñanzas morales perderían parte del sentido que la obra les atribuye.

Por eso, la vida después de la muerte aparece al comienzo de esta obra. Según Kardec, comprender que la existencia continúa ayuda a mirar de otra manera las diferencias y dificultades de la vida en la Tierra y la idea de justicia divina.

3. Kardec afirma que, en la época de Jesús, los judíos tenían ideas poco definidas sobre la vida después de la muerte. La recompensa por la obediencia a Dios era entendida muchas veces en términos de prosperidad, victorias e importancia del propio pueblo, mientras que las derrotas y calamidades eran vistas como castigos.

En la interpretación de la obra, Moisés enseñó de una forma adecuada a las condiciones de su pueblo y de su época. Más tarde, Jesús presentó con mayor claridad la existencia de otra vida, en la que la justicia de Dios continuaría y donde el bien tendría su verdadera recompensa. Es en este sentido espiritual como la obra entiende el reino de Jesús.

Kardec considera que Jesús también adaptó sus enseñanzas a la capacidad de comprensión de las personas de aquel tiempo. Por eso, habría presentado la vida después de la muerte como un principio fundamental, sin explicar todos sus detalles. La obra observa que, incluso entre cristianos, existen diferentes ideas y dudas sobre cómo sería esta continuidad de la vida.

Según Kardec, el Espiritismo vino a ampliar esta enseñanza cuando las personas ya estarían más preparadas para comprenderla. Para la Doctrina Espírita, la vida después de la muerte no es solamente una creencia: las comunicaciones mediúmnicas se presentan como evidencias de la continuidad de la existencia espiritual.

La obra afirma que los propios Espíritus describen diferentes situaciones de la vida espiritual. Kardec entiende que estos relatos permiten formar una idea más concreta de esta realidad, como alguien que conoce un lugar por medio de descripciones detalladas hechas por quienes estuvieron allí.

Para Kardec, estas descripciones también ayudan a comprender cómo la felicidad, el sufrimiento y la responsabilidad moral continuarían después de la muerte. En la visión presentada por la obra, esto ofrece una explicación coherente de la justicia de Dios.

La realeza de Jesús

4. Cuando Jesús dice que su reino no es de este mundo, Kardec distingue poder político de autoridad moral. Una persona puede ejercer una enorme influencia sobre la humanidad sin ocupar un trono ni gobernar un país. Es en este sentido como grandes pensadores, artistas y otras figuras históricas a veces son llamados maestros o referentes en su área.

El poder político termina o cambia con el tiempo. Una influencia moral basada en el mérito, en cambio, puede continuar durante muchas generaciones. Kardec pregunta entonces si la influencia de Jesús sobre la humanidad no representa una autoridad mucho mayor y más duradera que la de muchos gobernantes.

Es en este sentido como la obra entiende la respuesta dada a Pilato: Jesús es rey, pero su reino no pertenece al poder político y material de este mundo.

El punto de vista

5. Según la obra, creer de forma consciente en la continuidad de la vida cambia la manera de ver la existencia en la Tierra. Cuando la vida espiritual se considera mucho mayor que el paso por el mundo material, los acontecimientos terrenos dejan de parecer definitivos.

Desde esta perspectiva, las dificultades y los cambios siguen siendo dolorosos, pero se ven como temporales. La muerte deja de representar el fin de todo y pasa a entenderse como un paso. Para Kardec, esta confianza puede aportar más calma para afrontar pérdidas, preocupaciones y sufrimientos.

Cuando existe una gran duda sobre lo que ocurre después de la muerte, la persona puede concentrar toda su atención en la vida presente y en los bienes materiales. Kardec compara esta situación con la de un niño que considera sus juguetes las cosas más importantes del mundo y sufre mucho cuando pierde alguno de ellos.

Así, una decepción, una ambición no realizada, una injusticia, una ofensa al orgullo o la comparación con el éxito de otras personas pueden adquirir un peso enorme. La obra enseña que, cuando todo se observa solamente desde el punto de vista de la vida material, acontecimientos pasajeros pueden parecer mayores de lo que realmente son.

Kardec usa una comparación: dentro de una ciudad, las construcciones y las personas importantes parecen muy grandes. Vistas desde lo alto de una montaña, se vuelven pequeñas. Del mismo modo, al considerar la vida espiritual, muchos acontecimientos y posiciones sociales de la vida terrena pasan a verse en otra proporción.

Ante esta visión más amplia, las diferencias de riqueza, poder y posición social pierden importancia. La obra considera que cuanto mayor es la confianza en la continuidad de la vida, menor tiende a ser el apego a los bienes y a las posiciones pasajeras de la Tierra.

6. Esto no significa abandonar las responsabilidades de la vida material. Incluso sabiendo que permanecerá poco tiempo en determinado lugar, una persona procura vivir allí de la mejor manera posible. Si encuentra algo que le hace daño, naturalmente intenta resolver el problema.

Kardec afirma que la búsqueda de mejores condiciones forma parte del impulso de conservación y progreso. Por eso, trabajar, mejorar la vida y cumplir los deberes siguen siendo importantes. La diferencia está en no tratar dificultades temporales como si fueran el destino definitivo de la persona.

La obra no condena los placeres ni los bienes de la vida terrena. El problema estaría en el exceso y en el apego cuando perjudican el desarrollo moral. Quien cree en la continuidad de la vida puede afrontar una pérdida material sin sentir que lo perdió todo; quien considera solamente la vida presente corre mayor riesgo de poner toda su esperanza en lo que es pasajero.

7. Para Kardec, el Espiritismo amplía esta manera de mirar la existencia. La vida actual sería solamente una parte de una trayectoria mucho mayor. La Doctrina relaciona las diferentes existencias de un mismo Espíritu y presenta a todos los seres como participantes de un amplio proceso de evolución.

Según la obra, esta visión ayuda a comprender la fraternidad universal: las personas no serían seres sin relación entre sí, sino partes de un mismo conjunto. Kardec afirma que esta perspectiva no podía ser plenamente comprendida en la época de Jesús y, por eso, sería desarrollada más tarde.

Instrucciones de los Espíritus

Una realeza terrena

Una reina de Francia - El Havre, 1863

8. En este mensaje atribuido a una antigua reina de Francia, el Espíritu dice haber comprendido después de la muerte el sentido de las palabras de Jesús: “Mi reino no es de este mundo”. Reconoce que el orgullo ligado a su posición social la perjudicó y que no llevó consigo ninguno de los privilegios que poseía como reina.

El mensaje relata la sorpresa de encontrar, en una condición espiritual superior a la suya, a personas que había considerado sin importancia por no pertenecer a la nobleza. La experiencia se presenta como una lección sobre el poco valor de los honores y de las posiciones sociales después de la muerte.

Según este mensaje, lo que prepara a la persona para una condición espiritual mejor no es su posición social, sino cualidades como la humildad, el desapego, la caridad y la bondad hacia todos.

El mensaje afirma que, en el mundo espiritual, no importa el cargo que alguien ocupó, sino el bien que hizo y el sufrimiento que ayudó a aliviar. El poder, la riqueza y el prestigio no garantizarían una condición espiritual elevada. Las dificultades de la vida, cuando se afrontan con crecimiento moral, podrían enseñar más que los privilegios materiales.

Por último, el mensaje recuerda que los bienes materiales no pueden conservarse para siempre. Recomienda tener compasión por quienes todavía están apegados a esta ilusión y ayudarlos también mediante la oración, presentada como una forma de acercamiento a Dios y de unión entre la vida terrena y la espiritual.

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