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Introducción
El objetivo de la obra, sus criterios y el contexto necesario para comprender sus enseñanzas.La voz es generada gratuitamente por tu propio dispositivo.
I - Objetivo de esta obra
Los Evangelios tratan cinco grandes temas: acontecimientos de la vida de Jesús, milagros, predicciones, enseñanzas que sirvieron de base para creencias religiosas y enseñanzas morales. Los cuatro primeros pueden recibir interpretaciones diferentes. Las enseñanzas morales, en cambio, tienen un valor más directo para la vida porque hablan de nuestras elecciones, actitudes y responsabilidades.
Es principalmente en esas enseñanzas morales donde personas de religiones diferentes pueden encontrar puntos en común. Pueden estudiarse independientemente de la creencia de cada persona porque tratan de la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Cuando las discusiones religiosas se concentran solamente en creencias, ritos o interpretaciones, la transformación interior enseñada por el Evangelio puede quedar en segundo plano.
Estas enseñanzas pueden orientar tanto la vida personal como la convivencia en sociedad. Ayudan a construir relaciones más justas y muestran un camino de crecimiento moral y espiritual. Este libro se dedica especialmente a estudiar este aspecto del Evangelio y sus consecuencias para la vida.
Muchas personas admiran las enseñanzas morales del Evangelio y reconocen su importancia. Aun así, muchas conocen solamente algunas frases o ideas que escucharon de otras personas, sin haber estudiado el conjunto con profundidad.
Nota de vocabulario: la edición anterior usa una expresión para indicar una creencia religiosa presentada como una verdad que no debe ser cuestionada.
Referencia de la edición anterior: Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, capítulo IV, pregunta 171, nota 2, Mundo Maior Editora, 1.ª edición, 2000.
Pocas personas conocen estas enseñanzas en profundidad, comprenden su sentido y perciben cómo pueden aplicarse a la vida. Una de las dificultades está en el propio lenguaje de los Evangelios. Símbolos, expresiones antiguas y pasajes difíciles pueden hacer que la persona lea sin comprender realmente lo que se enseña. Cuando esto ocurre, la lectura puede convertirse solamente en una obligación y dejar de producir reflexión y aprendizaje.
Otra dificultad es que las enseñanzas morales aparecen dispersas entre diferentes historias y acontecimientos. Esto puede dificultar la percepción de cómo se relacionan entre sí. Ya existían obras que reorganizaban estas enseñanzas en un lenguaje más moderno, pero Kardec consideraba importante conservar también la fuerza y la autenticidad de los textos utilizados como base.
También existe un problema cuando una frase del Evangelio se presenta sola. Puede contener una enseñanza importante, pero parte de su sentido puede perderse cuando no conocemos la situación en que fue dicha, lo que vino antes y lo que vino después.
Para reducir estas dificultades, esta obra reunió pasajes que forman un conjunto de enseñanzas morales que puede ser estudiado por personas de diferentes creencias. En las citas se conservó lo que ayudaba a comprender el tema y se retiró solamente lo que no estaba relacionado con el asunto estudiado. También se mantuvo la división de los textos bíblicos por versículos para facilitar la consulta.
En lugar de organizar todo solamente por el orden de los acontecimientos, Kardec agrupó las enseñanzas por tema. La intención fue aproximar ideas relacionadas y facilitar el estudio. La numeración de capítulos y versículos permite consultar los pasajes usados como referencia siempre que sea necesario. Esta organización es una herramienta para facilitar la lectura, pero no es el objetivo principal del libro.
El objetivo más importante es hacer comprensibles las enseñanzas, explicar pasajes difíciles y mostrar cómo estas ideas pueden aplicarse a las diferentes situaciones de la vida.
Nota de vocabulario: una máxima es una frase breve que presenta una regla, un principio o una enseñanza importante.
Esta explicación corresponde a la nota del editor existente en la edición anterior.
Eso fue lo que Kardec procuró hacer con la ayuda de los buenos Espíritus. Muchos pasajes del Evangelio, de la Biblia y de otros textos religiosos pueden ser difíciles de comprender. Algunos pueden incluso parecer sin sentido cuando no conocemos el contexto o la idea que se presenta. Desde la perspectiva de esta obra, el Espiritismo ofrece explicaciones que ayudan a comprender mejor muchos de esos pasajes.
La obra considera que ideas relacionadas con el Espiritismo pueden encontrarse en diferentes épocas de la humanidad, en escritos, creencias y registros históricos. Desde esta perspectiva, el Espiritismo ayuda tanto a pensar en el futuro como a comprender cuestiones del pasado. Como complemento del estudio, Kardec incluyó comunicaciones atribuidas a los Espíritus, recibidas en diferentes países y por diferentes médiums.
Si todos esos mensajes vinieran de una sola persona o de un solo lugar, sería más fácil pensar que fueron influenciados por esa persona o por ese ambiente. La obra presenta la diversidad de lugares y médiums como una señal de que las enseñanzas no estarían limitadas a una única fuente humana. El libro está destinado a todos y procura ayudar a las personas a acercar sus actitudes a las enseñanzas morales de Jesús. Para quienes siguen el Espiritismo, también presenta aplicaciones específicas de la Doctrina Espírita.
Según la obra, la comunicación entre las personas y el mundo espiritual ayuda a comprender de forma más directa cómo las enseñanzas del Evangelio pueden llevarse a la práctica.
Kardec añade que el médium actúa como intermediario de la comunicación y, por eso, no debería convertir esa participación en motivo de orgullo personal.
De esta manera, las enseñanzas del Evangelio no necesitan permanecer solamente en el campo de las ideas. Pueden llevarse a las elecciones y actitudes de la vida diaria. En la visión presentada por Kardec, los consejos de los guías espirituales ayudan a cada persona a comprender estos principios y ponerlos en práctica. Los mensajes atribuidos a los Espíritus se presentan como una invitación a comprender y vivir el Evangelio.
II - Autoridad de la Doctrina Espírita
Control universal de la enseñanza de los Espíritus. Si la Doctrina Espírita fuera solamente una idea creada por una persona, su credibilidad dependería del conocimiento y de la palabra de esa persona. Nadie puede afirmar que posee por sí solo toda la verdad. Del mismo modo, si los Espíritus hubieran transmitido sus enseñanzas solamente a una persona, quien quisiera aceptarlas tendría que confiar únicamente en su relato.
Aunque esa persona fuera completamente sincera, podría convencer a quienes la conocieran y conseguir seguidores, pero difícilmente alcanzaría a todas las personas. Según la obra, Dios permitió que esta revelación llegara de una manera más amplia: los Espíritus se manifestarían en muchos lugares, sin conceder a nadie el privilegio exclusivo de recibir sus enseñanzas.
Una persona puede ser engañada o puede engañarse a sí misma. La obra considera diferente la situación en la que muchas personas, en lugares diversos, relatan enseñanzas semejantes. Esa concordancia se presenta como una forma de confirmación. Una persona puede morir y los libros pueden ser destruidos, pero, según esta visión, la fuente de las enseñanzas seguiría existiendo en el mundo espiritual y no dependería de una única persona ni de un único libro.
Aunque faltaran personas para divulgar la Doctrina, los Espíritus continuarían, según la obra, comunicándose por medio de muchos médiums en diferentes lugares. Si existiera un solo intérprete, por más respetado que fuera, el conocimiento del Espiritismo dependería de la confianza depositada en esa persona.
Un único intérprete también podría despertar desconfianza y difícilmente sería aceptado por todos los pueblos. La obra afirma que las comunicaciones de los Espíritus ocurrirían entre personas de diferentes países, religiones y grupos sociales. Por eso, presenta el Espiritismo como una doctrina que no pertenece a una sola nacionalidad, religión o clase social. Según esta visión, cualquier persona podría recibir comunicaciones de familiares y amigos que ya murieron.
Esta característica se presenta como necesaria para acercar a las personas, en vez de aumentar las divisiones. Para Kardec, la fuerza del Espiritismo estaría en la existencia de enseñanzas semejantes recibidas en muchos lugares. Si todo dependiera de la voz de una sola persona, incluso con la ayuda de libros y periódicos, serían necesarios muchos años para que el mensaje llegara a tanta gente.
Por eso, según la obra, muchas voces se manifestarían al mismo tiempo en diferentes lugares, transmitiendo principios semejantes tanto a personas con poca instrucción como a personas muy instruidas. Kardec presenta esta amplia divulgación como una protección para la Doctrina: si el Espiritismo está basado en una verdad espiritual, los cambios políticos, sociales o materiales no podrían alcanzar a los Espíritus que estarían en el origen de estas enseñanzas.
Kardec también ve en esta forma de divulgación una protección contra divisiones internas. Grupos o personas podrían intentar imponer sus propias ideas, y diferentes Espíritus podrían presentar mensajes contradictorios. Para él, esas contradicciones no deberían ocultarse: tendrían que ser analizadas y comparadas para que el propio conjunto de enseñanzas ayudara a identificar lo que merece confianza.
La obra enseña que no todos los Espíritus poseen el mismo conocimiento ni el mismo grado de evolución. Algunos sabrían poco; otros podrían ser orgullosos, creer que saben más de lo que realmente saben o repetir ideas personales como si fueran verdades. Kardec considera que los Espíritus más elevados estarían menos sujetos a los prejuicios y a las ideas humanas.
La obra también advierte que algunos Espíritus podrían engañar e incluso usar nombres falsos para dar más autoridad a sus propios mensajes. Por eso, Kardec recomienda cuidado con las informaciones que van más allá de las enseñanzas morales. Un mensaje recibido de manera aislada debería tratarse como la opinión de ese Espíritu y no divulgarse inmediatamente como una verdad absoluta.
El primer criterio propuesto por Kardec es usar la razón. Todo lo que se atribuya a los Espíritus debería analizarse con buen sentido, lógica y también a la luz de los conocimientos disponibles. Una teoría que contradiga claramente estos criterios no debería aceptarse solamente porque esté firmada por un nombre respetado. Al mismo tiempo, Kardec reconoce que el análisis individual tiene límites, porque nadie posee todo el conocimiento y cada persona puede confundir su propia opinión con la verdad.
Por eso, además del análisis personal, Kardec propone comparar enseñanzas recibidas por diferentes personas y en diferentes lugares. Para él, una concordancia amplia entre esos mensajes sería un criterio más seguro. Aun así, esta comparación debe seguir algunas condiciones. Preguntar a varios Espíritus por medio de un solo médium, por ejemplo, no sería suficiente para garantizar una confirmación realmente independiente.
Kardec explica el motivo: si un médium estuviera bajo la influencia de un Espíritu engañador, ese mismo Espíritu podría presentarse con nombres diferentes y repetir la misma idea varias veces. Del mismo modo, médiums de un único grupo podrían recibir influencias parecidas. Por eso, la repetición de un mensaje dentro del mismo ambiente no sería, por sí sola, una confirmación suficiente.
Para Kardec, una confirmación más segura ocurriría cuando mensajes semejantes surgieran espontáneamente por medio de muchos médiums que no se conocen y viven en lugares diferentes. Deja claro que este criterio se refiere principalmente a los principios fundamentales de la Doctrina, y no a asuntos personales o cuestiones menores.
La obra afirma que, cuando un nuevo principio importante necesita presentarse, tendería a aparecer espontáneamente en diferentes lugares al mismo tiempo. Las palabras podrían variar, pero la idea principal sería semejante. Si un Espíritu presentara una teoría muy particular, basada solamente en sus propias ideas, esa teoría permanecería aislada y perdería fuerza frente a mensajes semejantes recibidos en muchos otros lugares.
Según Kardec, esta comparación ayudó a apartar varias explicaciones particulares surgidas al comienzo del Espiritismo, cuando cada persona intentaba interpretar los fenómenos a su manera. Por eso, afirma que un principio de la Doctrina no debería considerarse verdadero solamente porque coincide con la opinión de quien lo recibe.
Kardec dice que no se considera una autoridad absoluta de la verdad y no pide que alguien crea en una idea simplemente porque él la presentó. Su propia opinión podría estar correcta o equivocada. Del mismo modo, recibir una enseñanza de un Espíritu no bastaría para hacerla verdadera. Para él, lo que daría mayor seguridad sería la concordancia obtenida por medio de muchas comunicaciones independientes.
Kardec afirma que recibía comunicaciones e informaciones provenientes de muchos centros espíritas distribuidos por diferentes regiones. Esto le permitía comparar los principios que aparecían en esos mensajes y observar dónde existía concordancia. Según él, este método orientaba su trabajo y debería seguir utilizándose ante nuevos asuntos estudiados por el Espiritismo.
Al comparar mensajes recibidos en diferentes lugares, Kardec dice haber percibido señales de que el Espiritismo entraría en una nueva etapa. Muchos de esos mensajes usaban palabras indirectas y, por eso, pasaron desapercibidos para varias personas. Otras creyeron haber recibido una orientación exclusiva, sin saber que ideas semejantes aparecían en otros lugares.
Para Kardec, un mensaje aislado tendría poco valor como base doctrinaria. Lo que le daba importancia era la coincidencia con mensajes semejantes recibidos de forma independiente. Afirma que observaba este movimiento general con la orientación de sus guías espirituales, usando esa comparación para decidir cuándo avanzar en determinado asunto y cuándo esperar nuevas confirmaciones.
Kardec presenta este método como uno de los criterios para evaluar nuevas enseñanzas. Según él, el éxito de El Libro de los Espíritus y El Libro de los Médiums habría ocurrido porque muchos lectores encontraron, en sus propias experiencias mediúmnicas, ideas semejantes a las presentadas en esos libros. Para Kardec, si las comunicaciones recibidas en otros lugares contradijeran continuamente sus obras, no habrían alcanzado la misma aceptación.
Añade que ni siquiera el apoyo de la prensa sería suficiente para sostener una idea constantemente contrariada por las comunicaciones atribuidas a los Espíritus. Por otra parte, cree que ideas realmente confirmadas por mensajes independientes tendrían más fuerza para difundirse. Según él, este mismo criterio debería valer tanto para ideas atribuidas a los Espíritus como para ideas presentadas por personas.
Kardec considera también la posibilidad de que aparezcan libros o mensajes contrarios a la Doctrina, incluso comunicaciones falsas producidas con la intención de desacreditarla. Para él, un mensaje de este tipo tendría poca fuerza si fuera ampliamente contradicho por comunicaciones semejantes recibidas en muchos otros lugares. Por eso, antes de presentar una idea como enseñanza de los Espíritus, sería necesario buscar una concordancia más amplia.
En la visión de Kardec, existe una gran diferencia entre la opinión de una sola persona y una idea confirmada por muchas fuentes independientes. Cita críticas y publicaciones contrarias al Espiritismo para defender que una corriente de ideas ampliamente aceptada no sería fácilmente detenida por argumentos aislados. Este pasaje refleja la manera en que Kardec evaluaba la expansión del movimiento espírita en su propio tiempo.
Kardec observa que esta manera de analizar la cuestión todavía no había recibido la atención que él consideraba necesaria.
Nota de vocabulario: en este pasaje, la edición anterior usa una palabra para indicar comunicaciones o textos que no son auténticos.
Kardec afirma que muchas personas analizaban estas cuestiones solamente a partir de sus propias ideas, sin considerar el conjunto de las comunicaciones atribuidas a los Espíritus. Para él, la concordancia entre mensajes independientes también serviría como protección contra intentos de grupos religiosos u otras corrientes de modificar el Espiritismo para adaptarlo a sus propios intereses.
Según la obra, los intentos de cambiar profundamente la dirección de la Doctrina podrían provocar confusión en determinado lugar o durante algún tiempo, pero no conseguirían cambiar el conjunto si las enseñanzas recibidas en diferentes lugares siguieran señalando otra dirección. Kardec presenta esta idea como una forma de preservar la unidad del Espiritismo.
Kardec concluye que las nuevas enseñanzas sobre puntos aún no aclarados deberían recibirse con prudencia mientras permanecieran aisladas. Si fuera necesario divulgarlas, lo más correcto sería presentarlas como opiniones o hipótesis que todavía necesitan confirmación, y no como verdades definitivas de la Doctrina.
Antes de presentar un principio como verdad absoluta, Kardec recomienda esperar confirmaciones suficientes. Según él, los Espíritus superiores actuarían con prudencia y presentarían las grandes cuestiones de la Doctrina de forma gradual, a medida que las personas estuvieran preparadas para comprenderlas y cuando las circunstancias fueran favorables.
Por eso, según la obra, no todo habría sido revelado desde el principio. Kardec critica la prisa de quienes desean respuestas antes de tiempo y afirma que los Espíritus serios no se prestarían a anticipar aquello que todavía no estuviera maduro para ser comprendido. En cambio, Espíritus menos responsables podrían responder sin el mismo compromiso con la verdad.
Por esa razón, las cuestiones prematuras suelen recibir respuestas contradictorias.
Kardec afirma que estos principios no serían solamente el resultado de una teoría personal, sino de las propias condiciones en las que, según la Doctrina, ocurren las comunicaciones de los Espíritus. Para él, si un mensaje aislado contradice un gran número de comunicaciones semejantes recibidas en otros lugares, no sería razonable dar a ese mensaje solitario el mismo peso que a los demás.
Según Kardec, los Espíritus verdaderamente sabios no presentarían como certeza aquello que todavía no conocieran suficientemente. Reconocerían los límites de su propio conocimiento y aconsejarían esperar una confirmación. Una idea nueva, por buena que parezca, podría encontrar resistencia al principio, y ese contraste de opiniones ayudaría a aclarar lo que es verdadero.
Kardec considera útil que se examinen ideas diferentes, porque las que no se sostienen tienden a perder fuerza ante la comparación. Para él, la unión del Espiritismo no debería depender de la opinión de una sola persona, sino de la concordancia amplia de las enseñanzas atribuidas a los Espíritus.
Del mismo modo, no debería ser un único Espíritu quien impusiera su opinión. Kardec presenta como característica esencial de la Doctrina la multiplicidad de comunicaciones recibidas en diferentes lugares. Desde esta visión, la fuerza y la autoridad del Espiritismo estarían precisamente en no depender de una única persona.
Kardec compara este conjunto de comunicaciones con un gran tribunal de evaluación que no debería estar sujeto a acuerdos particulares, rivalidades personales, divisiones de grupos o intereses nacionales.
En este sentido, Kardec afirma que las pretensiones de autoridad individual deberían ceder ante una concordancia más amplia. Para él, las cuestiones controvertidas se resolverían mediante la comparación del conjunto de las comunicaciones, y no por la opinión aislada de una persona o de un Espíritu.
Kardec llama a esta concordancia amplia opinión universal. Para él, cada opinión individual tiene un peso relativo: si es verdadera, contribuye al conjunto; si es falsa, no debería prevalecer solamente por la fuerza de quien la defiende. Esta visión también funciona como una crítica al orgullo individual.
Kardec creía que este conjunto de ideas se volvería cada vez más claro con el tiempo. Esperaba que nuevas voces contribuyeran a acercar a las personas en torno a principios comunes, a medida que existieran condiciones para ello.
Mientras existan sistemas diferentes, Kardec recomienda observar en qué dirección se forma la concordancia general de las comunicaciones. Para él, esto sería una señal de cuál interpretación tendría mayor apoyo dentro del conjunto de la Doctrina.
III - Noticias históricas
Para comprender mejor ciertos pasajes de los Evangelios, es útil conocer algunas palabras, costumbres y aspectos de la sociedad judía de la época de Jesús. Muchos términos tenían sentidos diferentes de los actuales. Comprender este contexto ayuda a aclarar enseñanzas que, sin esta información, pueden parecer extrañas o difíciles.
Samaritanos: después de la división de las diez tribus, Samaria se convirtió en la capital del reino de Israel separado de Judá. La ciudad fue destruida y reconstruida varias veces. Bajo dominio romano, se convirtió en centro administrativo de la región de Samaria. Herodes, llamado el Grande, embelleció la ciudad y, en homenaje al emperador Augusto, le dio el nombre de Sebaste. Samaritanos y judíos mantuvieron largos períodos de rivalidad.
La separación entre samaritanos y judíos produjo una fuerte rivalidad religiosa y social. Los samaritanos construyeron su propio templo para no depender de Jerusalén y adoptaron prácticas propias. Reconocían especialmente el Pentateuco, los cinco primeros libros atribuidos a Moisés, y rechazaban otros textos incorporados posteriormente a la tradición judía.
Sus textos sagrados estaban escritos en caracteres hebreos antiguos. Para muchos judíos ortodoxos, los samaritanos eran considerados herejes y, por eso, eran despreciados y perseguidos. La rivalidad entre ambos pueblos tenía un fuerte componente religioso, aunque sus tradiciones tenían un origen común. Las comunidades samaritanas continuaron existiendo en regiones de Oriente.
Nazarenos: en la tradición antigua, este nombre también se usaba para judíos que hacían determinados votos religiosos, temporales o permanentes. Estos votos podían incluir castidad, abstinencia de bebidas alcohólicas y la costumbre de no cortarse el cabello. Sansón, Samuel y Juan el Bautista son mencionados en este contexto. Más tarde, el nombre también se usó para los primeros cristianos, en referencia a Jesús de Nazaret.
El nombre nazarenos también fue aplicado a un grupo religioso de los primeros siglos del Cristianismo que combinaba prácticas relacionadas con la ley de Moisés con creencias cristianas. Este grupo desapareció hacia el siglo IV. Publicanos: en Roma, este nombre se daba a los responsables de recaudar impuestos y otras rentas públicas.
Los publicanos administraban o contrataban la recaudación de impuestos y rentas públicas en Roma y en otras partes del Imperio. Como este sistema permitía abusos, muchos se enriquecieron por medio de cobros considerados excesivos, lo que contribuyó a la mala reputación de la categoría.
Con el tiempo, la palabra publicano pasó a usarse de forma negativa para designar a personas vinculadas con la administración del dinero público y a sus agentes, especialmente cuando eran vistos como poco escrupulosos. La expresión se asoció con riqueza obtenida de manera dudosa.
Durante el dominio romano, los impuestos eran una de las cuestiones que más resistencia provocaban entre los judíos. Hubo revueltas y movimientos que también trataban el pago de impuestos como un problema religioso. Por eso, los responsables de la recaudación eran frecuentemente rechazados por la población.
Este rechazo alcanzaba a publicanos de diferentes niveles. Incluso personas honestas podían ser despreciadas por la función que ejercían, y quienes mantenían relaciones cercanas con ellas también podían sufrir críticas. Había además cobradores de categoría inferior responsables de tasas de entrada en las ciudades y de cobros semejantes a los de aduana.
Estos cobradores de categoría inferior también cargaban con la misma mala reputación atribuida a los publicanos en general. Por eso, en los Evangelios el término publicano aparece muchas veces asociado a personas consideradas socialmente de mala compañía o indignas de trato.
Ebionitas: integrantes de un movimiento religioso de los primeros siglos del Cristianismo que reconocía a Jesús como Mesías, pero no aceptaba su divinidad.
Los ebionitas aceptaban el Antiguo Testamento y rechazaban gran parte del Nuevo Testamento, utilizando otros textos propios. Esta explicación corresponde a la nota editorial de la edición anterior.
Fariseos: el nombre está relacionado con la idea de separación. En la época de Jesús, la tradición y las interpretaciones acumuladas de las Escrituras tenían gran importancia en la vida religiosa judía. Estas interpretaciones formaban un conjunto de enseñanzas y reglas debatidas entre estudiosos y grupos religiosos.
Estos debates podían hacerse largos y concentrarse en detalles de palabras, formas e interpretaciones. De esta diversidad surgieron grupos que defendían sus propias comprensiones de la verdad y, muchas veces, mantenían una fuerte rivalidad entre sí.
Entre estos grupos, los fariseos tenían gran influencia. La tradición menciona a Hillel, importante maestro judío nacido en Babilonia y vinculado a una escuela de interpretación religiosa. Los fariseos pasaron por períodos de persecución y también por momentos de gran poder político y religioso.
Después de recuperar influencia, los fariseos siguieron siendo importantes hasta la destrucción de Jerusalén en el año 70. Participaban activamente en las discusiones religiosas y valoraban mucho las prácticas exteriores, las ceremonias y la fidelidad a las tradiciones.
Kardec critica lo que considera exceso de formalismo y apariencia religiosa entre algunos fariseos. Según esta lectura, la preocupación por el prestigio y el poder podía imponerse a la transformación interior. La obra usa esta crítica para destacar la diferencia entre apariencia de virtud y vida moral sincera.
Nota de vocabulario: la edición anterior menciona la filosofía religiosa medieval, especialmente la tradición conocida como escolástica.
La escolástica fue una tradición filosófica y teológica desarrollada en las escuelas medievales que procuraba relacionar fe y razón y recibió fuerte influencia de autores como Aristóteles. Esta explicación corresponde a la nota editorial de la edición anterior.
Los fariseos ejercían gran influencia sobre el pueblo y eran vistos por muchos como autoridades religiosas. Creían, o afirmaban creer, en la Providencia, en la inmortalidad del alma, en recompensas y penas futuras y en la resurrección de los muertos.
Jesús valoraba la sencillez, la sinceridad y las cualidades del corazón. Por eso, criticó duramente la hipocresía y el exceso de formalismo religioso, lo que aumentó la oposición de grupos influyentes contra él. Escribas: al principio, este nombre se usaba para secretarios y funcionarios relacionados con la administración y, más tarde, para estudiosos e intérpretes de la ley de Moisés.
Los escribas enseñaban e interpretaban la ley para el pueblo y frecuentemente actuaban junto con los fariseos. Sinagoga: palabra de origen griego que significa asamblea o reunión. En Judea había un templo central en Jerusalén, mientras que en otras ciudades los judíos se reunían en sinagogas.
En las sinagogas, especialmente los sábados, se hacían oraciones públicas, lecturas de las Escrituras y explicaciones de los textos. Estas reuniones eran orientadas por ancianos, escribas y doctores de la ley. Fue en este ambiente donde Jesús también enseñó en diferentes ocasiones.
Después de la destrucción de Jerusalén y de la dispersión de los judíos, las sinagogas pasaron a tener un papel aún más importante en la vida religiosa de las comunidades. Saduceos: antiguo grupo religioso judío tradicionalmente asociado al nombre de Sadoc. Los saduceos no aceptaban la inmortalidad del alma ni la resurrección de los muertos.
Los saduceos tampoco aceptaban la existencia de ángeles buenos y malos tal como era entendida por otros grupos. Aun así, creían en Dios y valoraban recompensas relacionadas con la vida presente. En materia religiosa, daban gran importancia al texto de la ley antigua y rechazaban muchas tradiciones e interpretaciones posteriores.
Valoraban las buenas obras y el cumplimiento directo de la ley por encima de ciertas prácticas exteriores. Kardec los compara con los materialistas, deístas y sensualistas de su época. El grupo era pequeño, pero incluía personas influyentes y también actuaba políticamente. Esenios: grupo judío surgido aproximadamente en el siglo II a. C., cuyos miembros vivían en comunidades organizadas.
Los esenios eran conocidos por costumbres sencillas y disciplina rigurosa. Enseñaban el amor a Dios y al prójimo, creían en la inmortalidad del alma y en la resurrección. Muchos vivían sin casarse, condenaban la esclavitud y la guerra, compartían bienes y se dedicaban al trabajo.
Se diferenciaban tanto de los saduceos, más ligados a intereses materiales, como de los fariseos, muy apegados a las prácticas exteriores. Debido a algunas semejanzas morales, algunos autores plantearon la hipótesis de que Jesús habría conocido o convivido con este grupo antes de su misión pública.
La obra afirma que Jesús probablemente conocía a los esenios, pero considera sin pruebas la idea de que hubiera pertenecido al grupo. Terapeutas: grupo judío de la época de Jesús, establecido principalmente en Alejandría, Egipto, que mantenía semejanzas y relaciones con los esenios.
Los terapeutas valoraban la vida sencilla, la reflexión, la disciplina y la práctica de las virtudes. Algunos vivían en celibato y de forma retirada. Filón de Alejandría escribió sobre ellos. Autores cristianos antiguos llegaron a considerarlos cristianos. Para Kardec, representan un punto de contacto histórico entre tradiciones judías y cristianas.
IV - Sócrates y Platón, precursores de la idea cristiana y del Espiritismo
Aunque Jesús conociera a los esenios, no sería correcto concluir que su doctrina simplemente provino de ese grupo o que habría sido diferente en otro ambiente. Las grandes ideas generalmente son preparadas a lo largo del tiempo por personas y movimientos anteriores.
Según Kardec, cuando llega el momento adecuado, una persona puede reunir, organizar y desarrollar ideas que antes estaban dispersas. Así, las nuevas doctrinas encuentran personas ya preparadas para comprenderlas. Considera a Sócrates y Platón importantes precursores de ideas que más tarde aparecerían en el Cristianismo.
Sócrates, al igual que Jesús, no dejó escritos propios conocidos. Fue condenado a muerte después de cuestionar creencias tradicionales y colocar la virtud por encima del formalismo y de la apariencia religiosa. Kardec compara la acusación hecha contra Sócrates con la oposición enfrentada por Jesús. Sócrates enseñaba la unidad de Dios, la inmortalidad del alma y la continuidad de la vida después de la muerte.
Sócrates (470–399 a. C.) fue un filósofo ateniense conocido por estimular a sus alumnos a reflexionar, cuestionar y examinar críticamente sus propias ideas.
Así como conocemos las enseñanzas de Jesús principalmente por los escritos de sus discípulos, conocemos gran parte del pensamiento de Sócrates por los textos de su discípulo Platón.
Kardec considera útil resumir algunas de estas enseñanzas para mostrar semejanzas con principios cristianos. Afirma que la comparación no disminuye la misión de Jesús y recuerda que Sócrates también combatió prácticas y creencias que consideraba inadecuadas en su tiempo.
Para Kardec, comparar estas ideas forma parte del estudio histórico y no es un intento de reducir la importancia de Jesús. Defiende que el conocimiento debe examinarse de manera amplia, sin quedar preso de rivalidades entre grupos religiosos o tradiciones.
Según Kardec, estas citas también muestran que algunos principios asociados al Espiritismo ya aparecían, de forma anterior o parcial, en el pensamiento de Sócrates y Platón.
Resumen de ideas de Sócrates y Platón seleccionadas por Allan Kardec
I. El ser humano es un alma encarnada. Antes de encarnar, el alma habría existido en contacto con ideas de verdad, bien y belleza. Al entrar en la vida corporal, conservaría un recuerdo imperfecto de ese estado y sentiría deseo de volver a él.
Kardec ve en esta idea una distinción clara entre el principio espiritual y el principio material. También identifica en ella la noción de preexistencia del alma, el recuerdo intuitivo de otro estado de existencia y la continuidad de la vida más allá del cuerpo.
Nota de vocabulario: la edición anterior menciona un recipiente usado como antigua medida de capacidad, equivalente a aproximadamente 13,8 litros.
Ese recipiente se utilizaba para medir cereales. Las proposiciones de Sócrates y Platón seleccionadas por Kardec fueron tomadas de los Diálogos de Platón.
Esta observación corresponde a la nota del editor existente en la edición anterior.
Kardec relaciona estas ideas con la creencia en la existencia de otro mundo, la supervivencia del alma después de la muerte, la encarnación y el regreso del alma al mundo espiritual. También ve en ellas un origen antiguo de ideas desarrolladas posteriormente en tradiciones religiosas.
II. Según el pensamiento presentado, el alma se confunde cuando depende solamente de los sentidos del cuerpo para comprender la realidad, porque el mundo material está siempre sujeto a cambios. Cuando se dirige hacia aquello que considera puro, eterno e inmutable, se acerca a su propia naturaleza espiritual.
En ese estado, cesaría parte de sus perturbaciones, y esa estabilidad sería llamada sabiduría. Kardec interpreta esta idea como una invitación a no limitar la visión de la vida solamente al aspecto material, sino también considerar una perspectiva espiritual.
III. Mientras el alma esté unida al cuerpo, sus necesidades y deseos pueden dificultar la búsqueda de la verdad. El cuerpo exige cuidados y puede generar distracciones, ilusiones e intereses que apartan la atención de lo que se considera esencial.
Desde esta visión, algunos filósofos antiguos consideraban que el conocimiento pleno de la verdad solamente sería posible después de la muerte, cuando el alma estuviera libre de las limitaciones del cuerpo. Por eso, la muerte no sería vista necesariamente como algo que debe temerse, sino como un paso hacia otro estado.
Kardec relaciona esta idea con el desarrollo de las facultades del alma después de la muerte. Observa, sin embargo, que esta condición sería diferente según el grado de evolución moral de cada Espíritu.
IV. El alma todavía muy ligada a la materia sería atraída nuevamente hacia experiencias materiales. El texto antiguo describe imágenes de almas perturbadas cerca de tumbas y otros lugares, como representación de Espíritus que todavía conservarían una fuerte relación con la vida corporal.
Según esta descripción, esas almas continuarían apegadas a deseos y hábitos de la existencia anterior y podrían regresar a una nueva vida corporal, retomando tendencias que todavía no habían superado.
Kardec interpreta este pasaje como una referencia antigua a la reencarnación y al estado de Espíritus todavía ligados a la materia. Para él, la necesidad de reencarnar estaría relacionada con las imperfecciones del alma, mientras que los Espíritus más purificados estarían menos sujetos a este ciclo.
El Espiritismo añade que el alma puede aprovechar el período entre las encarnaciones para reflexionar, aprender y tomar nuevas decisiones. Así, cada nueva existencia podría traer oportunidades de progreso intelectual y moral.
V. El texto antiguo afirma que, después de la muerte, un genio o espíritu protector conduciría a la persona a otro estado, donde sería juzgada, y que después de determinado período podría regresar a la vida corporal. Kardec relaciona esta idea con los Espíritus protectores y las reencarnaciones sucesivas.
VI. En el lenguaje antiguo, los llamados demonios eran presentados como seres intermediarios entre el mundo divino y los seres humanos.
Hades: término de la tradición griega antigua usado para designar el mundo de los muertos.
En la Antigüedad, la palabra daimon no tenía necesariamente el sentido negativo que la palabra demonio adquirió más tarde. Podía indicar seres espirituales intermediarios, relacionados con la comunicación entre el mundo divino y los seres humanos.
Por eso, el término podía aplicarse de manera amplia a los seres espirituales, distinguiéndose entre aquellos considerados más elevados y otros vistos como menos evolucionados.
Kardec aproxima esta idea a la visión espírita según la cual el espacio está habitado por Espíritus y la comunicación con el mundo espiritual ocurre por diferentes grados de intermediarios. También observa semejanzas con la noción cristiana de ángeles.
VII. Para Sócrates y Platón, una de las principales preocupaciones del filósofo debería ser el cuidado del alma.
Si el alma es inmortal, la vida actual sería solamente una parte de su existencia. Por eso, el cuidado de la vida moral y espiritual debería considerar también la continuidad del alma más allá de la experiencia presente.
Kardec afirma que el Cristianismo y el Espiritismo enseñan un principio semejante.
VIII. Si el alma es inmaterial, después de la muerte regresaría a un estado también inmaterial, mientras el cuerpo volvería a la materia. El texto distingue el alma más pura, orientada hacia el conocimiento y el bien, de aquella todavía fuertemente marcada por intereses e imperfecciones materiales.
Kardec considera que Sócrates y Platón ya reconocían diferentes grados de pureza del alma. Para él, el Espiritismo desarrollaría esta idea al describir diferentes condiciones espirituales después de la muerte.
IX. Si la muerte significara la desaparición completa del ser, podría parecer una ventaja para quien practica el mal, porque toda responsabilidad terminaría junto con la vida. El texto defiende, por el contrario, que quien procura desarrollar virtudes puede afrontar con más tranquilidad el paso a otra existencia.
Kardec interpreta esta idea como una crítica al materialismo entendido como negación de cualquier responsabilidad después de la muerte. En la visión espírita, la continuidad de la vida conserva también las consecuencias morales de las elecciones realizadas.
Según Kardec, las experiencias mediúmnicas mostrarían que el paso de la vida corporal a la vida espiritual puede ser difícil para quien permanece fuertemente ligado al mal o a sus propias imperfecciones.
X. Así como el cuerpo conserva marcas de los cuidados y accidentes que recibió, el alma conservaría los efectos de sus elecciones, sentimientos y actitudes. Desde esta visión, el mayor perjuicio sería llegar a la vida espiritual cargando culpa y desequilibrios morales.
Sócrates se dirige a Calicles y afirma que sus interlocutores no consiguieron demostrar que una vida injusta sería más ventajosa cuando se considera el destino del alma después de la muerte.
Entre opiniones diferentes, Sócrates sostiene que es mejor sufrir una injusticia que cometerla y que la prioridad debe ser convertirse en una persona realmente buena, y no solamente parecerlo. Kardec relaciona esta idea con la responsabilidad moral del alma.
Kardec aproxima este principio a la enseñanza cristiana de no responder al mal con el mal. Recuerda el pasaje en que Jesús enseña a ofrecer la otra mejilla, entendido como orientación para evitar la venganza.
XI. Sócrates considera dos posibilidades: o la muerte sería el fin absoluto de la conciencia, o sería el paso del alma a otro estado. En la segunda hipótesis, existiría la posibilidad de reencontrar a personas conocidas y continuar aprendiendo.
Imagina la posibilidad de conversar con quienes ya murieron y distinguir a los que realmente son sabios de aquellos que solamente creen serlo. Al final, acepta su propia muerte mientras sus jueces continúan viviendo.
Kardec relaciona esta idea con la visión espírita de que la muerte no interrumpe la existencia, sino que representa un cambio de estado. Para él, las relaciones entre los Espíritus continúan y la vida sigue de otra forma.
Kardec considera natural encontrar semejanzas entre ideas antiguas y enseñanzas posteriores porque cree que las grandes verdades espirituales son permanentes y pueden percibirse en diferentes épocas.
También admite la posibilidad, dentro de la visión espírita, de que grandes pensadores del pasado participen posteriormente en nuevas etapas de enseñanza espiritual.
XII. No se debe responder a la injusticia con otra injusticia ni hacer daño a alguien solamente porque esa persona nos perjudicó. Kardec relaciona este principio con la caridad cristiana, el perdón y la orientación de no devolver mal por mal.
XIII. Una acción puede evaluarse por los resultados que produce. Si sus consecuencias son malas, debe reconocerse como perjudicial; si produce el bien, puede considerarse buena.
Kardec observa que la idea de conocer el árbol por sus frutos aparece varias veces en los Evangelios.
XIV. La riqueza puede representar un peligro cuando se convierte en el centro de la vida. Quien se apega excesivamente a los bienes materiales corre el riesgo de colocar lo que posee por encima de su propio desarrollo moral.
XV. El texto afirma que las oraciones y sacrificios exteriores tienen menos valor que un alma virtuosa que procura actuar de acuerdo con el bien. La justicia y la sabiduría estarían más relacionadas con palabras y actitudes correctas que con ofrendas externas.
XVI. El texto critica el amor reducido solamente al cuerpo y presenta el amor como una fuerza presente en toda la Naturaleza. Esta fuerza se asocia con la armonía, la belleza, la paz y la capacidad de aliviar el sufrimiento.
Kardec relaciona esta visión con la idea de amor universal en Platón. Cuando Sócrates llama al amor un gran daimon, Kardec entiende que se refiere a un gran Espíritu ligado al principio del amor universal.
XVII. El texto presenta la virtud como don de Dios. Kardec observa que, si fuera solamente un favor concedido a algunas personas, no habría mérito en poseerla. El Espiritismo, según él, añade que la virtud se desarrolla mediante el esfuerzo a lo largo de existencias sucesivas. La gracia sería la ayuda divina ofrecida a quien desea sinceramente superar el mal y practicar el bien.
XVIII. Es común que percibamos con más facilidad los defectos de otras personas que los nuestros. Kardec relaciona esta idea con la enseñanza de Jesús sobre ver la pequeña mota en el ojo del hermano y no percibir la gran viga en el propio ojo.
XIX. El texto afirma que cuidar solamente del cuerpo, sin considerar la dimensión espiritual del ser humano, sería insuficiente para comprender ciertas enfermedades. Kardec entiende que cuerpo y alma ejercen influencia uno sobre otro y cree que el estudio de esta relación podría ampliar la comprensión de la salud.
XX. Sócrates afirma que, desde temprano, las personas tienden a practicar más el mal que el bien. Kardec relaciona esta idea con el problema de la presencia del mal en la Tierra y con la visión espírita sobre la diversidad de los mundos y el proceso de evolución de los Espíritus.
XXI. Hay sabiduría en reconocer aquello que no sabemos. Kardec dirige esta reflexión a quienes critican asuntos que no conocen suficientemente. Recomienda estudiar, buscar la verdad y evitar discusiones que no produzcan aprendizaje, incluso ante opositores que actúan de buena o mala fe.
Kardec observa que Sócrates también encontraría, en cualquier época, personas que se burlarían de su creencia en realidades espirituales o lo considerarían insensato por defenderlas.
Kardec recuerda que Sócrates fue ridiculizado, acusado de faltar al respeto a las creencias de su tiempo y condenado a beber cicuta. Usa este ejemplo para afirmar que las ideas nuevas, cuando enfrentan intereses y prejuicios establecidos, muchas veces encuentran resistencia antes de ser aceptadas.
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