Capítulo 9 de 28 · Español sencillo
Bienaventurados los mansos y pacíficos
Amabilidad, paciencia, obediencia y control de la ira.La voz es generada gratuitamente por tu propio dispositivo.
Ofensas y violencia — Gentileza y dulzura — Paciencia — Obediencia y aceptación consciente — Ira.
Ofensas y violencias
1. Jesús dijo: “Felices los mansos, porque heredarán la Tierra.” (Mateo 5:5)
2. “Felices los que promueven la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9)
3. Jesús amplía el mandamiento “no matar” y llama la atención también sobre la ira, el desprecio y las ofensas dirigidas al prójimo. La enseñanza muestra que la violencia comienza antes del acto físico, en los sentimientos y en la manera en que tratamos a otras personas. (Mateo 5:21-22)
4. Jesús valora la mansedumbre, la moderación, la gentileza y la paciencia. La antigua palabra “raca” era un insulto de desprecio. El punto central es que la agresión verbal y la humillación también hieren y alimentan conflictos.
La intención importa. Una palabra ofensiva gana gravedad cuando expresa deseo de humillar, odiar o provocar. El lenguaje agresivo debilita el respeto, la convivencia y la fraternidad, y puede transformar pequeños conflictos en hostilidad duradera.
Después de la humildad ante Dios, la caridad con el prójimo se presenta como principio esencial de la vida cristiana.
5. Cuando Jesús dice que los mansos “heredarán la Tierra”, no está enseñando desprecio por las necesidades materiales. Necesitamos alimento, vivienda, trabajo y recursos. La orientación es no convertir esos bienes en el objetivo más importante de la existencia.
Kardec entiende que, históricamente, las personas violentas muchas veces toman más de lo que necesitan mientras las personas pacíficas quedan sin lo necesario. El Evangelio anuncia una justicia en la que la fuerza y el abuso dejan de ser caminos para obtener ventajas.
Cuando el amor y la caridad orienten más profundamente a la sociedad, los más vulnerables no serán explotados por los más fuertes. La obra asocia esa transformación con el progreso moral de la Tierra.
Instrucciones de los Espíritus
La gentileza y la dulzura
Lázaro - París, 1861
6. La verdadera gentileza nace del respeto al prójimo. La educación y las buenas maneras pueden ayudar en la convivencia, pero también pueden convertirse solamente en apariencia cuando no corresponden a lo que la persona realmente siente y hace.
Hay personas que sonríen y son amables mientras todo ocurre como desean, pero se vuelven agresivas ante la menor contrariedad o hablan mal de los demás cuando no están presentes. Eso es apariencia de gentileza, no transformación interior.
El mensaje critica especialmente a quien parece educado en público, pero actúa con autoritarismo y violencia dentro de casa o con personas que dependen de él. El carácter aparece con mayor claridad justamente donde la persona cree tener poder sobre los demás.
La gentileza real necesita existir tanto en público como en la intimidad. Las apariencias pueden engañar a las personas, pero, desde la perspectiva religiosa del mensaje, no esconden la verdadera intención ante Dios.
La paciencia
Un Espíritu amigo - El Havre, 1862
7. El mensaje antiguo presenta el dolor como una oportunidad espiritual. En lenguaje actual, no necesitamos llamar bendición al sufrimiento ni buscarlo. La enseñanza útil es que una dificultad inevitable puede enfrentarse con paciencia, esperanza y esfuerzo para crecer, sin impedir que busquemos ayuda o soluciones.
La paciencia también es una forma de caridad. Además de ofrecer ayuda material, existe el desafío de tratar con personas difíciles, perdonar cuando sea posible y no responder automáticamente a toda agresión con otra agresión.
La vida reúne muchas pequeñas contrariedades que, sumadas, cansan e irritan. El mensaje aconseja recordar también las cosas buenas, las responsabilidades y los apoyos existentes. La paciencia no es quedarse inmóvil: es continuar haciendo lo que necesita hacerse sin permitir que cada dificultad destruya nuestro equilibrio.
Obediencia y aceptación serena
Lázaro - París, 1863
8. El mensaje usa “obediencia” y “aceptación serena” en sentido espiritual, no como sumisión ciega a cualquier persona. La obediencia sería aceptar conscientemente principios que la razón reconoce como correctos; la aceptación serena sería enfrentar aquello que no podemos cambiar sin abandonar la capacidad de actuar sobre lo que puede ser mejorado.
Jesús se presenta como ejemplo de firmeza sin violencia y de renuncia al egoísmo. El mensaje observa que una sociedad puede avanzar mucho intelectualmente y, al mismo tiempo, continuar atrasada en responsabilidad moral.
El progreso no depende solamente de personas extraordinarias. También resulta del esfuerzo colectivo de muchas personas. Por eso, el mensaje invita a cada uno a aprender, trabajar y acompañar el desarrollo moral e intelectual de su época.
El lenguaje original usa imágenes severas para hablar de quien resiste al progreso. El sentido que preservamos es: los cambios necesarios pueden retrasarse, pero no evitarse para siempre. Las personas dispuestas a aprender atraviesan este proceso con menos conflicto interior.
La ira
Un Espíritu Protector - Burdeos, 1863
9. Muchas explosiones de ira comienzan cuando el orgullo es herido. La persona se considera por encima de los demás y reacciona de forma desproporcionada cuando es contrariada, comparada o cuestionada.
Busquen el origen de esos accesos de locura pasajera que hacen perder la calma y la razón, y encontrarán muchas veces en su base el orgullo herido. ¿No es el orgullo herido el que hace rechazar observaciones justas y alejarse, con ira, de los consejos más sabios? La impaciencia provocada por contrariedades generalmente pequeñas suele nacer de la importancia excesiva dada a la propia persona y de la expectativa de que todos deban ceder.
En un arrebato de ira, la persona puede volverse contra todo, incluso contra objetos que no le obedecen, rompiéndolos por frustración. Si pudiera verse con calma en esos momentos, tal vez sentiría vergüenza o reconocería lo ridículo de su conducta. También debería considerar la impresión que causa en los demás y esforzarse por vencer una tendencia que perjudica su propia dignidad.
Si percibiera que la ira no resuelve nada, altera la salud y puede comprometer su propia vida, vería que ella misma es su primera víctima. Hay todavía otra razón para detenerse: la ira vuelve infelices a quienes están alrededor. Si existe afecto, después puede surgir remordimiento por haber hecho sufrir a las personas queridas, especialmente si un acto impulsivo tiene consecuencias lamentadas por mucho tiempo.
Finalmente, la ira no elimina todas las buenas cualidades del corazón, pero puede impedir que se haga el bien y puede llevar a hacer el mal. Esto basta para esforzarse en dominarla. Para el espírita existe además otro motivo: la ira es contraria a la caridad y a la humildad cristianas.
Hahnemann - París, 1863
10. Decir “yo soy así y no puedo cambiar” puede convertirse en una manera de huir de la responsabilidad. El temperamento influye en nuestras reacciones, pero no elimina la posibilidad de desarrollar autocontrol, nuevos hábitos y formas más saludables de responder a la ira.
El mensaje reconoce que algunas personas tienen mayor facilidad para reacciones intensas, pero rechaza la idea de que eso determine inevitablemente violencia. En lenguaje actual, factores biológicos, psicológicos y ambientales pueden influir en el comportamiento, sin retirar nuestra responsabilidad de buscar ayuda y aprender estrategias mejores.
La ira puede aparecer de formas diferentes: explosiones, agresividad silenciosa, resentimiento u hostilidad. La forma cambia, pero el trabajo interior continúa siendo necesario. Las virtudes y los defectos no deben tratarse como destinos inmutables.
No toda característica física puede modificarse mediante la voluntad, pero las actitudes y los patrones de comportamiento pueden cambiar. La experiencia muestra que las personas consiguen transformar profundamente la manera en que manejan impulsos, conflictos y frustraciones.
La conclusión es una invitación a la responsabilidad: nadie necesita permanecer para siempre dominado por los mismos defectos. El cambio puede exigir tiempo, apoyo y persistencia, pero el progreso moral presupone justamente esa posibilidad de transformación.
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